jueves, febrero 22, 2007

De mis razones.....



Cuando Fedosy Santaella escribió en su caja "Las razones para escribir de Orhan Pamuk" se me vinieron a la cabeza un alud de ideas sobre el que hacer literario. Sobre todo me puse a reflexionar de mis razones para escribir; teniendo yo un trabajo normal como cualquier otra persona, siempre aquejado del estrés citadino, pero que sé hacer muchos otros oficios como para sustentarme económicamente y vivir modestamente. Honestamente no tengo preocupaciones materiales porque lo que llevo lo cargo conmigo aunque me guste hacer buen dinero y darme ciertos gustos, nada excéntricos ni suntuosos. Escribo porque nadie me lo prohibió, ni me dijo que era cosa mala y en veces me he preguntado si acaso lo es. Escribo porque desde que plasme mi primer poema en tiempos cuando cursaba la secundaria siempre lo seguí haciendo. No sé si el escribir con tanto afán y gusto pudiera llegar a ser una rara patología de algún síndrome causado por alguna anomalía genética. Si es así me alegra que el indeterminado gen en cuestión haya tenido tan conveniente anomalía, pues escribir es para mi uno de los actos más placenteros y liberadores del mundo. Escribo porque como a todo escritor me gusta leerme y releerme, también que me lean. Porque creo que el escribir lleva implícita una profunda ansiedad, dejar huellas, rastros, vestigios de esta existencia. Y no solo eso, también en veces lo hago porque estoy abatido, sentido, frustrado y descargo mi ira gastando el grafito, inventado cualquier locura solo con el pretexto de no saber nada de este mundo en que vivo y sin embargo escribo de él, de mas allá, de mas acá y así creo mi propio universo. Escribo aun a sabiendas que con un poema no voy a pagar en el mercado, ni tampoco me lo aceptaran como inicial de mi vivienda. Pero si me va a llenar de mucho gozo y no solo eso, también tengo la certeza que si alguien lee lo que escribo sentirá mucho de ese gozo que yo siento o tal vez no; quizás lo encuentre cursi o soez, mas yo no lo obligue a que leyera lo que escribí ni tampoco le pido opiniones a nadie al respecto, cada cual juzga lo que lee. Escribo porque desde que leí Rayuela y Pedro Páramo me he esforzado bastante en escribir algo tan plausible, tan penetrante, tan como aun ni yo mismo sé pero que estoy seguro algún día lo sabré.

jueves, enero 18, 2007

Lo que ha de venir…


Este año estoy completamente decidido a dejar de ser un autor inédito, tal vez sea que ya me agarro el síndrome de Cortázar; es decir darse cuenta uno que escribe y escribe, y los años pasan, y nadie te ha leído por que no has publicado nada. Entonces resueltos tomas algo de lo que tienes, lo que crees que es lo mejor, y lo llevas a un editor para que lo vea con la esperanza que te lo publique. Caso “Casa Tomada”. Pero hoy en día las cosas son muchos más difíciles, mucha gente que escribe espera por ser editado y no basta ser lo suficientemente bueno sino hacerse uno la oportunidad. Por ello me avocare por mis propios medios a la dificultosa empresa de editar mi primer libro. Ya he adelantado bastante.









Hice contactos con una compañía de publicaciones, pedí presupuestos, me informe donde podía colocar en venta el texto, Como registrar la obra para proteger mis derechos de autor, como obtener el ISBN (entiendase el registro de identificación del libro), como obtener el código de barra y lo del deposito legal. Es una tarea laboriosa eso lo de editar, pero quiero ver lo que he escrito en la vitrina de algunas librerías, no sueño con que se convierta en un Best séller solo verme publicado.









Empezare con un poemario, como para poner una buena mesa. Ya sabes de entrada algo suave “Conjeturas y Química Pura”, si bien se digiere tengo una novela casi por terminar; “La Sangre de Neso” y otra Policial que acabo de empezar, “Ávila 5”. Nada de adelantos por que el caradurismo de estos días es atroz y si hablo mucho cualquiera se las clava y me deja viendo lejos; al horizonte que ahora mismo veo.












































































martes, enero 02, 2007

Antanas y sus miles de relato

La señorita Badul lo había jurado, claro que para ese tiempo era algo pudorosa, pero juramento era juramento y al carajo la moral que se iba con aquel hombre que había amado y que le hacia decir cualquier clase de locuras. Era loco, decían...no, lo era. Quien bajaba cotoperies de los abedules, asustaba a sus vecinos con una macana y luego se retorcía a carcajadas en el suelo o mandaba a los ingenuos infantes que le visitaban a que le consiguieran en calidad de préstamo una llave de mercurio. Ahora en su epitafio y como quiso deberían estar unos versos de Lope de Vega: Respeta ¡Oh tu peregrino!/ este suelo humilde llano/ que aunque cubre un ser humano/ alguna vez tuvo espirito divino.
Ahora veía el féretro sellado, es que fue una muerte espantosa y quedo horrendamente desfigurado. Nadie tiene la certeza de cómo fue, unos cuantos amigos, los atavíos oscuros, las sombrillas en un día de débiles chubascos. El afligido y de incógnito, nadie le vio y el veía a su señorita Badul, desnuda. Se fue definitivamente del pueblo. Pero había mucho mas relatos que contar, jamás volvió ni por sus restos pero si mando por la señorita Badul. Desapareció de repente, dicen que el que se la llevo tenia pacto con el diablo y el solo se reía a carcajadas. Dicen que su alma persigue a los facinerosos y hasta el mismo se dejo atrapar.Hasta otro día les veo...

miércoles, diciembre 06, 2006

Cita del día

El poder infinito engolosina el alma de los mortales, por suerte hasta los hombres poderosos algún día deben morir.

Sabueso Vudu



El comisario Pantoja se llego a la delegación “Los Olivos” a la 8:15 AM; con prisa y un genio endemoniado, cuestión del trafico de la ciudad. Apenas si dio los buenos días y siguió hacia su oficina. Mucha gente empezó a moverse en la delegación al verle. Cuatro funcionarios esperaban con unas previsibles carpetas en manos a las afueras de la oficina del comisario. Al cabo de un rato les hizo pasar, eran los jefes de las distintas divisiones de aquella delegación a cargo de Pantoja. Un tipo curtido en el seno de la policía judicial, poco menos de un lustro para alcanzar los sesenta años de edad, pero fuerte, lejos aun de la senectud, Veintinueve años y siete meses de servicio, cuatros cangrejos de oro, otros múltiples reconocimientos, una buena reputación y solo cinco meses para jubilarse.

Los inspectores colocaron sus carpetas en el escritorio del comisario y tomaron asiento enfrente de él, era la rutina de todos los comienzos de semana. Como siempre comenzó con la carpeta del jefe de la división contra robos, siguió con antidrogas , luego anti extorsión y secuestro y por ultimo homicidio. Las cifras de la semana pasada estaban dentro de los promedios, no había que escandalizarse sabiendo de antemano la violencia del país. Dieciocho denuncias por robo, cinco vehículos hurtados, seis kilogramos de estupefacientes y psicotrópicos decomisados en diferentes procedimientos, un secuestro expreso y seis homicidios. Móviles; dos por enfrentamientos con cuerpos de seguridad, policialmente resueltos; uno, venganza, policialmente resuelto; otro, crimen pasional, policialmente resuelto; otro por ajustes de cuentas entre bandas, policialmente resuelto y por ultimo un infanticidio, móvil por determinar, caso abierto.
Observo detenidamente el expediente, niña de aproximadamente nueve años de edad, encontrada dentro de una bolsa de basura abandonada en la ribera oeste del caño Amarillo a pocos metros de un marginal barrio citadino, Ochenta y dos por ciento del cuerpo quemado, una abertura en la caja toraxica, extraído el corazón. Ningún registro, ninguna concordancia con casos de niños desaparecidos. Nada de evidencias, nadie vio nada, aun esperaban por las pruebas de dactiloscopia y la necropsia de ley. Algún astibo de analogía le hizo aflorar reminencias. Ordeno dejar el caso en su escritorio, lo tomo a cargo personal. Apenas quedo solo empezó a escudriñar el caso, cayo en cuenta de algo que le causo asombro. Las casualidades no podían sucederse con una constante tan perfecta. Mando a buscar los expedientes de los tres casos anteriores dispersos en otras delegaciones de otras tres ciudades en las que hubo trabajado. A los días tuvo las carpetas en su escritorio.

Arrellenado en la comodidad de su sillón ejecutivo releía los casos anteriores. Había obviado la alternancia en las fechas, periodos constantes de nueve años con nueve meses. Nacía cada vez, una ofrenda idéntica para sacrificio, el mismo sexo, la misma edad, un rito idéntico. Tenia que ser el mismo asesino pero siempre había otra persona para incriminar. Le agarro la noche haciendo comparaciones y conjeturas en su oficina. Mientras mas leía más absorto les dejaban las analogías. Una ventana abierta en su cubículo dejo colar un aire gélido y cargado del tenebrosísimo de la media noche. Mal augurio. Un escalofrió visceral nada ordinario en él le hizo erizar los vellos de la piel. Se auto recrimino. “A tu edad y dejarte embaucar por zoquetadas”. Tenia las piernas entumecidas, no se había levantado del sillón en horas. Con esfuerzo se puso en pie, ya estable se dirigió a cerrar la ventana y volvió al sillón. Pidió al recepcionista de guardia que le subieran un café tinto y caliente acompañado con un sándwich de esos de atún que preparaban en la cantina. Después del refrigerio se volvió a enfrascar en los expedientes que tenia en mano hasta que le venció el sueño. No era la primera vez que algún caso le hacia amanecer en su oficina.

Se despertó temprano, dormía poco. Luego de asearse salió de su oficina y se dirigió carpetas en manos hacia la división de homicidios. Llevaba mucho entresijo pero sumido en una preclara disyuntiva. Los hombres pueden resistirse a su destino pero ninguno zafarse de su Karma. Llego a homicidios soltando imperativos y pidiendo la urgencia de lo que se necesita para ayer. Se hizo todo tal y como ordeno y con la debida premura. Exhumar seis cadáveres en un día y en tres ciudades diferentes era un exabrupto que solo alguien con su poder podía lograr. Los cuerpos de los presuntos asesinos se encontraron pero no así los de las niñas, ni en las fosas ni en los ataúdes se encontraron signos de profanación. Todo le estaba muy claro. Pantoja lanzo improperios y maldiciones en voz baja. Recordó con nitidez espasmódica los desenlaces anteriores. Algunas sospechas levanto en las directrices del órgano investigativo su inusitado movimiento. Le ordenaron dejar el caso a cargo de otra delegación, la prensa amarillista ya había empezado a hacer especulaciones. Sintió algo de frustración, también ira.

Necesitaba algo de descanso, se llego a su casa algo turbado, apenas se recostó a dormir la siesta le sobrecogió un extraordinario vuelo de ideas, imágenes que nunca había vistos y aquella extraña sensación corporal de dolencia, como si le estuviesen hiriendo con alfileres. Vio al mago negro, le recordaba bien. Si todo era igual ya sabia en donde encontrarle. Salió a buscarlo con determinación, ya no había ordenes que importaran, los ojos le brillaban, iba como sumido en un trance autista. Se fue a las riberas del cauce; ya no importaba llamarlo río, caño, ni usar un denominativo, solo un cauce, llámese como se llame. Aguas abajo debería estar el rancho de bahareque, camino poco más de un kilómetro hasta hallarle tal y como se lo había imaginado. El hombre de color tenia que estar dentro, semidesnudo, muchas velas encendidas a su alrededor, sumido en un grotesco ritual de magia negra; animales degollados, mucha sangre, espeso humo con un nauseabundo olor a azufre. Entro tomándole la espalda, su diestra empuñando una pistola calibre nueve milímetros Pietro Beretta. El negro soltando un palabrero en lenguas. Le dio la cara bruscamente, los ojos netamente blancos, la sonrisa sardónica, sosteniendo entre sus manos el corazón recién extirpado de algún animal, ya no hubo impresión. Noto que algo había cambiado. Apunto a la cabeza. El negro comenzó a reír malévolamente, él también. Entre las macabras risas se confundió el mortal estruendo.

Al otro día reseñaba la prensa “Comisario que se suicidio presuntamente estaría implicado en crímenes de ritual satánico”

domingo, noviembre 19, 2006

Benditas traducciones, un artículo interesante al respecto










Ventanas abiertas y puentes extendidos Pedro Parra Deleaud


Traducir, dice el diccionario, es poner en nuestra lengua lo que está escrito en otra. Parece sencilla labor que todo el mundo puede hacer con sólo conocer la equivalencia de los términos; pero puestos a ella, son muchos los desengaños. En rigor, toda traducción es parcial y denota el interés que mueve a quien la acomete. Por tanto, no hay una traducción maestra, aunque así se afirme, sino una que en cierto momento logra el acuerdo de un grupo de lectores.
Yo creí que la mejor de todas las traducciones de La metamorfosis de Kafka había sido la de Jorge Luis Borges; sin embargo, en años recientes veo que la aguja ha girado, y hasta el título de aquella obra, en castellano, es ahora La transformación. De igual forma me ha sucedido con los Cantos de Ezra Pound, que en la traducción de Vázquez Amaral lograron el aplauso de los entendidos, pero que yo conocí primero, en forma parcial, en la brillante de Coronel Urtecho, poeta de Nicaragua.
Quizá no sea más que una apreciación sentimental, pero uno nunca olvida el sabor de la primera traducción. Después crecemos y conocemos "otras", quizá más actualizadas o inteligentes, pero guardamos una extraña fidelidad a aquella que nos abrió a la confidencia del autor extranjero, y que, a pesar de sus oscuridades, nos lo puso en el camino.
Gentes hay a quienes no les agrada leer traducciones, porque diz que no les sienten los sabores. Ciertamente, encontramos algunos platos insípidos sea en traducciones o en la propia lengua; pero la obra poderosa aguanta los cambios de pieles y sabe darse a propios y extaños con no perecedero encanto. Si lo que dicen Cervantes, Shaskespeare o Sófocles sigue gustando todavía, es debido a que, de sobrado en sus propias lenguas, perviven a los traductores y sus traducciones, y entran en cualquier lengua con la naturalidad con que el agua ocupa su espacio.
Una breve confesión. Soy un lector asimétrico. Lo que me complace enormemente es hacer una lectura marginal de grandes textos, o de otros no considerados como tales. Èltimamente, me he estado deleitado con los trozos que nuestro Rafael Cadenas traduce de diversos autores, en su mayoría ingleses, dentro de sus ensayos: En torno al lenguaje y Realidad y Literatura. Es una fiesta del intelecto. Oh, grandioso poeta!, cuánto detalle y dato para una bibliografía. Cuánto para iniciar una nueva Literatura.
En una página que bien vale un vaso de fino ron o de buen vino, el poeta mexicano José Emilio Pacheco, pensando en la labor de traductor de aquel grande de las letras americanas, Alfonso Reyes, dice estas palabras de oro: "Un agradecimiento siempre renovado por quienes abren ventanas y tienden puentes para comunicarnos con otras literaturas que sus ensayos y traducciones vuelven parte de la nuestra".

Me pregunto, ¿cómo quedarían traducidos estos versos de Rafael José Muñoz?:

Oten, oten, oten,
Kallugen, kallugen, kallugen.

Esta es la tumba de Kruñoz
Arriba lo reciben los astros.

Correo electrónico:
rastrosdelcaracol@yahoo.es
AGRANDADOR DE PENES/ MANUAL DE TECNICAS FOTOGRAFICAS